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  • juliángrijalba

Un viejo volante

Actualizado: abr 26


La cultura electrónica en Popayán (Colombia) necesita avanzar y solo será posible si lo hacemos todos unidos.

El presente artículo surgió a raíz de un viejo volante que se encontraba en medio muchos otros documentos, olvidados sobre el escritorio de una casa antigua y tradicional al sur de la ciudad de Popayán (Colombia). El volante había sido impreso hace varios años atrás con el propósito de publicitar el segundo aniversario de Mix Live, en ese entonces la única academia DJ de la ciudad. Por esos días, la comunidad payanesa pasaba por una época en la que los avances tecnológicos se estaban apoderando de las formas de producir el «arte del tiempo»; la alegoría menos popular para referirse a la música. Dichas transformaciones tecnológicas se consideraban como algo de gran angustia por parte de la escena DJ local patoja, pues hacía ver que sus años de oro habían quedado en el pasado y que su porvenir se tornaba bastante incierto.


El curioso volante de un oscuro solemne y con un mensaje ciertamente controvertido decía lo siguiente:


«Mix Live, es la única academia DJ en Popayán especializada en la formación de DJs, su principal objetivo es renovar la escena DJ de la ciudad, ya que en los últimos años se ha notado el cambio que quiere la gente y los clubs. Un claro ejemplo de esta situación es que [los eventos] se están llenando con publico únicamente cuando hay eventos con DJs de otras ciudades, mientras que la mayoría de los DJs locales no sobresalen por su calidad, [lo que genera que] sus contrataciones sean mínimas y que sus oportunidades de viajar a otras ciudades a hacer conocer nuestra cultura en este campo queden solo en una ilusión.»


La crítica era definitivamente clara y contundente, una posición que defendía a capa y espada las propuestas locales sobre las extranjeras; las de «otro lado». Esa naciente preocupación expresada ahí, en ese volante, era algo de esperarse, puesto que había sido escrita por Víctor Grijalba, DJ fundador de Mix Live y uno de los pioneros de la música electrónica en Popayán. En realidad, lo que sucedía era que luego de su amplia trayectoria artística, Grijalba se había esforzado por ganar gran reconocimiento a su labor y, en ese proceso, había entendido que, así como él lo había logrado, el talento DJ local emergente tenía también todo el potencial para llegar al mismo nivel profesional de cualquier DJ de escala nacional e, inclusive, internacional. No obstante, la tecnología era el enemigo que había cambiado los modos de vida de la ciudad y estaba amenazando la forma en que el público concebía la imagen artística del DJ, de su música y de sus posibilidades de surgir y posicionarse en el campo. Por tal motivo, se clamaba urgentemente por la renovación de la escena electrónica de Popayán, con la idea de afrontar una sociedad altamente cambiante y, de esa manera, garantizar que miles de personas siguieran llenando las pistas de baile al ritmo de lo local, como desde antes se había hecho.


Aquí conviene recordar las palabras del maestro francés Jean Michel Jarre en una de sus entrevistas con la reconocida revista Future Music, ya que en ella describía gran parte de la realidad DJ que se vivía hace algunos años en la pequeña Popayán:


«Se supone que la música ha de ser sexy. Se supone que sale del corazón. pero cuando llegaron los CDs, la música dejo de ser sexy, los CDs se vendían junto al café y los cereales en los supermercados. ¿Qué tiene eso de sexy?»


Claro que lo que decía Jarre tenía un contexto más particular, es decir mientras en Europa la aparición de nuevas tecnologías afectaba los medios de consumo de la música electrónica, en Colombia y más concretamente en Popayán, la aparición de la era digital, de la Internet y de cientos de páginas y servicios web dedicados a la música, fue probablemente lo que desencadenó en que se empezaran a traer masivamente a DJs de otras ciudades. La amenaza hacia lo local era justo esa: una respuesta inevitable a un escenario en el que ya no llamaba la atención el DJ que nació en su ciudad y que se esforzaba por mejorar continuamente su técnica, ni tampoco su desgaste energético por tener una colección de vinilos bien seleccionada, pues tener acceso a la música había dejado se ser una tarea «tan difícil» y, por tanto, ser DJ local había dejado de ser «tan sexy». Paradójicamente, el desarrollo tecnológico encargado de poner a la cultura electrónica en el panorama mundial terminó desviando la atención hacia fuera de quienes realmente querían dominar el arte de las mezclas.


Así pues, años después y recordando lo que aquella pieza de oscuro tinte develaba, grandes interrogantes quedan por responder; ¿Será que realmente lo extranjero es la única forma de seguir haciendo fiestas electrónicas de un éxito considerable? o ¿Tal vez el recurso humano de nuestra ciudad puede estar lo suficientemente capacitado para lograr el tan anhelado éxito que exigen los promotores de eventos? o mejor aún y sin querer caer en lo pretencioso; ¿Será que le falta más convicción a las partes interesadas, para no dejar que las externalidades se apoderaren de la industria musical, apenas emergente, en Popayán?.


Hace algún tiempo que dicha problemática empezó y aún parece continuar, con el agravante de que la ciudad sigue creciendo y los movimientos culturales lo hacen por igual. En tal sentido, es muy preocupante saber que el rumbo que están tomando las cosas, tal vez, no sea el más coherente y pueda que se necesite un poco más de equidad entre lo local y lo internacional en los eventos electrónicos que, hoy por hoy, se celebran en la ciudad. Claramente, esto conllevaría a un mayor esfuerzo, mayor exigencia, por parte del gremio DJ, pero es, en definitiva, un esfuerzo necesario para que la figura del DJ patojo sea reivindicada y retome el lugar que en algún momento tuvo.


Finalmente, y cerrando esta pequeña cápsula de la memoria, se puede argumentar que, en general, hace falta más apropiación por el patrimonio cultural construido por los DJs en sus regiones de origen y por las expresiones culturales que en esos lugares se resuelven. Asimismo, se considera que el gran reto está en que se debe apoyar, acompañar e inspirar a las nuevas generaciones de DJs de la ciudad y, por supuesto, esto es un compromiso que en su mayoría debe asumir la vieja escuela. En efecto, solo queda pensar que cuando el trabajo artístico local se ponga a la par con los estándares de calidad del resto del planeta, se podrá visionar un futuro en el que, sin importar si el DJ tiene apellido estadounidense o europeo, el trabajo local sea tan reconocido y valorado que el público pague por poderlo escuchar aquí, en Popayán, y en cualquier parte del mundo.


– Por Julián Grijalba.

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