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  • juliángrijalba

¿Por qué hacer investigación en paisaje sonoro urbano y regional?

Actualizado: 13 may



Durante milenios, la gente ha escuchado a su alrededor y se ha cuestionado por las implicaciones del sonido en sus vidas: ¿nos molesta o nos hace sentir mejor? ¿cómo comprender eso que está ahí a nuestro alrededor, que no vemos, pero que siempre estamos escuchando? Son preguntas que de momento no tienen una única respuesta, pero que motivaron allá, a finales del siglo XX, a que se empezara a pensar justamente en explicar el fenómeno sonoro de ese mundo exterior en el que habitamos y estamos inmersos.


De hecho, es el pedagogo musical, compositor y ambientalista canadiense, Murray Schafer, quien en 1993 realiza una de las reflexiones claves sobre la relación entre el ser humano y el sonido. La reflexión alude a que la inmensa cantidad de sonidos producidos al interior de un aula de clase o ahí fuera en la ciudad o incluso en el campo, tenían que ser más que una mera amalgama incomprensible de ruidos al azar. Ello fue la base de Schafer para proponer una descripción de la interacción ser humano-sonido mediante un concepto mucho más integral, denominado: «paisaje sonoro». Esta es la noción emergente que se define, hoy en día, como el entorno acústico percibido, tanto de forma positiva o negativa, por una o varias personas en un contexto en particular: el sonido natural de una montaña en su pico más alto o el sonido antrópico de una ciudad infestada de coches e industrias indeseablemente ruidosas, son algunos tipos de paisajes sonoros por nombrar.


Así pues, los estudios del paisaje sonoro producido por la ciudad o por regiones territoriales más amplias han arrojado conclusiones interesantes, que, sostienen que el comportamiento de esos paisajes sonoros está dado por ciertos patrones de concentración y dominancia espaciotemporal específicos; es decir, tienen una estructura explicable a partir del momento y lugar en el que se perciben. Por ejemplo, los paisajes sonoros urbanos típicamente aceptados son aquellos que se reúnen en parques o plazas públicas y en donde predominan los sonidos naturales de los cantos de las aves o el habla de las personas tomándose un café en la mañana en una terraza de un bar; ahí en Tanger (Marruecos), en Madrid (España) o en cualquier parte del mundo. En contraste, los sonidos menos preferidos son, por poner por caso, los de una autovía con flujos vehiculares intensificados y constantes durante horas de la tarde cuando las personas regresan a sus casas luego de trabajar o estudiar.


Actualmente, investigamos el paisaje sonoro con la esperanza de dar luces sobre sus configuraciones físicas, perceptuales y afectivas, para contribuir así a planificar un territorio con mejores condiciones de habitabilidad, salud y bienestar, en términos del sonido que ahí se produce. Un esfuerzo reciente corresponde a una inversión inicial en ciencia y tecnología realizada por una universidad relativamente pequeña al suroccidente de Colombia: la Institución Universitaria Colegio Mayor del Cauca (UNIMAYOR). Dicha apuesta ha permitido un trabajo preliminar de recolección de datos físicos y perceptuales del paisaje sonoro en España y Colombia: en el primer país, la recopilación de información se ha centrado en el sonido del turismo en la ciudad de Santiago de Compostela (España); y en el segundo país, el foco ha sido el gradiente del sonido urbano y rural, generado entre el área urbana de Popayán y el punto más alto del volcán Puracé (Colombia).


Los datos recabados en Santiago (España) se obtuvieron a partir de mediciones de ruido y grabaciones estereofónicas realizadas en simultáneo a lo largo y ancho del área principal casco histórico de esa ciudad. Los registros se llevaron a cabo especialmente en tres períodos del día (mañana, tarde y noche) y durante la Semana Santa compostelana del presente año, 2022. Todo ello en busca de discernir hasta qué punto el flujo turístico constituye un intensificador del ruido y degradación del paisaje sonoro urbano. Esta es una tarea que resulta ciertamente fundamental para comprender el sonido del turismo y, por ende, encontrar posibles acciones de disminución de la perturbación de la tranquilidad y mejora de la calidad de vida de la población tanto local como visitante. Particularmente, en áreas urbanizadas. Una cuestión que, en definitiva, no se puede soslayar y que merece toda la atención investigadora del caso.


Así y a propósito de lo anterior, conviene nombrar y, por supuesto, agradecer al presidente del capítulo estudiantil de la Aerospace and Electronic Systems Society (AESS) adscrito a la Universidad del Cauca (UNICAUCA), Camilo Segura. Quien asistió de cerca el trabajo en Santiago. Su ayuda y la de su equipo no solo es relevante por su futuro aporte al tratamiento y análisis de información del paisaje sonoro mediante técnicas de Inteligencia Artificial (IA), sino que también es importante a efectos de las conversaciones inductivas y espontáneas intercambiadas y motivadas por Camilo sobre física cuántica. Esas charlas son, en verdad, muy valiosas, ya que permiten debatir algunos argumentos e ideas comunes que defienden la importancia de considerar tanto lo físico como lo perceptual, al momento de intentar conocer las diversas realidades que la humanidad ha podido imaginar, modelar y comprobar en su historia. El paisaje sonoro es una de esas realidades, al igual que la del interesante mundo de las partículas subatómicas. Así, hemos coincidido con Camilo en que, posiblemente, en ambos escenarios las cosas tienden a la subjetividad y no siempre suelen ser lo que parecen.


Camilo Segura, presidente de AESS - Unicauca
El presidente de AESS UNICAUCA, Camilo Segura, durante la toma de datos en Santiago de Compostela (España).

En fin, en cuanto a la obtención de los datos del transepto entre el Popayán y Puracé (Colombia), vale la pena mencionar que es una tarea ya iniciada y con varias mediciones de ruido y grabación estereofónicas efectuadas en las proximidades del cráter del volcán Puracé. Por ahora, se espera que una vez se complete todo el trabajo de captura de información, se logre poder verificar los cambios y también posibles coincidencias del sonido originado entre dichos ámbitos interconectados y a la vez tan contrastados: por un lado, una zona de montaña con entornos muy rurales, agroganaderos, y amplios espacios naturales abiertos y protegidos (el Puracé); y, por otro lado, una ciudad de mediano tamaño en un valle interandino colombiano con poco más 300.000 habitantes (Popayán).


Carlos Duran y, detrás, Camilo Segura, de AESS UNICAUCA, momentos previos a iniciar la recolección de datos en el Puracé (Colombia).

En todo caso, conviene señalar aquí que tanto la información del Popayán y Puracé como la de Santiago será analizada mediante IA y posteriormente utilizada para elaborar mapas sonoros, que en último lugar ayuden a determinar aquellas directrices centradas en mejorar, valorar y preservar el paisaje sonoro conformado en los diversos asentamientos humanos que existen en el mundo. Sin dudar, en que todo lo anterior se lleva a cabo en función, sobre todo, de un tan anhelado deseo de desarrollo territorial sostenible, que, entre muchas otras cosas de gran relevancia, garantice la provisión de paisajes sonoros sanos y equilibrados para aportar decisivamente al bienestar social de la población.


Equipo líder de muestreo de información del paisaje sonoro en la cima del Puracé (Colombia). De izquierda a derecha: Paula Grijalba, Michell García, Carlos Durán, Juan Paz y Camilo Segura.

Ahora bien, se podría decir que lógicamente las personas valoran los lugares libres de contaminación acústica, con paisajes sonoros agradables y placenteros. ¿Por qué? Pues, es que es un deseo apenas consensuado de querer vivir en condiciones mínimas de habitabilidad. Pero, lo que es más importante, representa un reto, un sueño y una ilusión de hacer posibles territorios dotados de paisajes sonoros de alta calidad. Aunque aún eso no se haya logrado. Por ello, lo que preocupa es que, como esta, muchas otras cuestiones en la ciudades y lugares en donde vivimos siguen sin resolverse y lo que es peor, cada vez parece que se agravan más y más (cambio climático, economías debilitadas, inequidad social, tensiones políticas, guerra por control geográfico, entre otras). A este respecto, se debería mantener a la vista a la ciencia y a la tecnología al abordar y dar posibles soluciones razonadas a esas problemáticas, con la firme convicción común de guiar el mejor camino posible para nuestras sociedades y para el planeta Tierra en el que vivimos; o bueno, a mayores, para los planetas en los que viviremos, si es que a ese escenario se quiere llegar.


Julián Grijalba (izquierda) y Camilo Segura (derecha)
Lideres de los estudios en paisaje sonoro descritos en esta entrada: mi persona, Julián Grijalba, profesor de la Facultad de Arte y Diseño de la UNIMAYOR (a la izquierda); y Camilo Segura, presidente de AESS UNICAUCA (a la derecha).

Finalmente, solo queda por anotar que, ahora, a medida que los intereses por la investigación científica en paisaje sonoro territorial son más latentes, se espera poder seguir avanzando en tal labor desde el Sur Global, así como se está haciendo en el resto de la escala global. En verdad, debemos valorar el hecho de ser parte de esas personas privilegiadas en el mundo, que podemos llegar a pensar en nuestro futuro y en el de los demás. La ciencia y la tecnología, sujetas a un liderazgo sabio y responsable, no solo ayuda a resolver los problemas de la sociedad, sino que también nos motiva a soñar con el mañana.


- Por Julián Grijalba

Madrid (España), 24 de abril del 2022


Los estudios en Santiago de Compostela son realizados en el marco del Trabajo Final de Master, "¿El turismo genera ruido? La degradación del paisaje sonoro por turistificación urbana", que desarrollo en la Facultad de Xeografía e Historia de la Universidade de Santiago de Compostela.


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